Me dicen, mi pequeña puta, que no solo te arrimas a mi hombro para pedir auxilio, que no soy yo el único que te salva del peligro que corres en las calles y que espantas los miedos de un otro cualquiera por menos de dos duros. Que te arrastras, que dejas llevar tu consciencia con tanta facilidad como la de un niño al que todo le impresiona y sabe a nuevo, que lo usas como mecanismo de defensa contra un mundo que ataca, que sientes la nada en tales momentos y desvías los datos que procesan tus sentidos.
Es difícil saber qué camino escoger si últimamente solo buscamos tratar de sobrevivir a los gestos a base de hacer preguntas que nadie puede responder. Y van pasando los días, y va cambiandose vivir por matar el tiempo, y va pidiendo una parada de resintonización de objetivos, de análisis de lo pasado, presente y futuro.
Últimos comentarios