Piensa en una revolución pacífica, en piedras de sal dividiendo la carretera que acabas de coger en el último desvío. Piensa en gris, lluvia y vientos de alta probabilidad sofocante. Piensa en la suerte y en la esquina de aquella calle en la que todo empezó algún tiempo atrás. Acuérdate de la arena, de cómo se metía dentro de los zapatos haciendo que los talones se rozasen al caminar. Ahora piensa de nuevo en las piedras de sal, recoge la lluvia, los vientos y el gris; y borra aquéllo que te separa de cambiar de carril. Así sí, ahora ya puedes reconducirte.
Vamos a tener que empezar antes de vivir la vida
Publicado por: Fátima Rúa Yáñez | 06/28/2011 en 11:39 p.m.